El Municipio de San Martín ha presumido de ofrecer más de 1.200 actividades culturales gratuitas durante dos meses, con eventos que van desde conciertos hasta talleres infantiles. Si bien el intendente Fernando Moreira celebra estas iniciativas como un «orgullo» y un impulso a la comunidad, cabe cuestionar si este despliegue de recursos públicos es realmente necesario o simplemente un gasto superfluo disfrazado de beneficio social.

Este tipo de programas representa un uso cuestionable de los fondos públicos. En lugar de invertir en infraestructura, seguridad o reducción de impuestos, el gobierno local opta por financiar espectáculos y eventos que, aunque populares, no son esenciales. La cultura, sin duda, tiene valor, pero su promoción no debería recaer en el bolsillo de los contribuyentes, especialmente en un contexto económico donde cada peso cuenta.

Además, la justificación de que estos eventos «fortalecen la comunidad» y «promueven el trabajo de artistas locales» es discutible. Si realmente hay demanda por estas actividades, ¿por qué no se fomenta un modelo de gestión privada o autosustentable? La cultura puede y debe sostenerse por sí misma, sin depender de subsidios estatales que, al final del día, son pagados por todos.

En resumen, mientras el Municipio de San Martín se enorgullece de ser un «polo cultural», es momento de preguntarse si este tipo de gasto público es realmente una prioridad o simplemente un derroche que distrae de problemas más urgentes. La cultura es importante, pero no a costa de las finanzas públicas.

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