Tras un fin de semana de intensas lluvias, la provincia de Buenos Aires amanece con cientos de barrios bajo el agua y miles de familias evacuadas.

Pergamino:Unas 300 personas permanecen evacuadas.

En solo tres días, miles de vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares en canoas, mientras el agua avanzaba implacable sobre sus calles y viviendas. Las zonas más afectadas se concentran en el sur de la provincia, aunque el norte tampoco ha escapado a este desastre.

Localidades como Ensenada, Berisso, La Plata y Dock Sud son algunas de las más golpeadas por las inundaciones. Defensa Civil y los cuerpos de bomberos trabajan sin descanso, pero sus esfuerzos resultan insuficientes ante la magnitud del desastre. Los equipos de emergencia municipales, desbordados, apenas pueden observar cómo el agua invade hogares y arrastra consigo la tranquilidad de miles de familias.

Un problema recurrente, una gestión ausente

Las inundaciones no son un fenómeno nuevo en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, año tras año, los bonaerenses se enfrentan a las mismas imágenes desoladoras: calles convertidas en ríos, familias evacuadas y pérdidas materiales millonarias. La pregunta que surge es inevitable: ¿dónde están las soluciones de fondo?

Mientras los vecinos luchan contra el agua, el peronismo bonaerense parece más enfocado en debates políticos que en resolver los problemas urgentes de la provincia. Tras una semana de discusiones sobre el histórico problema de la inseguridad, las inundaciones han vuelto a poner en evidencia la falta de planificación y gestión eficiente. Los días de campaña en la costa, los mates y los viajes de egresados regalados parecen un lujo distante frente a la cruda realidad que enfrentan miles de bonaerenses.

La necesidad de una gestión responsable

Este desastre natural, agravado por la falta de infraestructura adecuada y la ausencia de políticas preventivas, deja al descubierto una vez más las consecuencias de la mala gestión pública. Las inundaciones no son solo un problema climático; son el resultado de décadas de desidia, corrupción y falta de inversión en obras esenciales.

Desde una perspectiva liberal, es urgente replantear el rol del Estado en la prevención y gestión de estas crisis. La solución no pasa por más burocracia o discursos vacíos, sino por una administración eficiente, transparente y enfocada en resultados. La inversión en infraestructura, la descentralización de la toma de decisiones y la participación del sector privado podrían ser claves para evitar que este tipo de tragedias se repitan.

Mirando hacia adelante

En muchos barrios, el agua aún no ha retrocedido, y las consecuencias de este desastre seguirán afectando a las familias bonaerenses durante semanas, si no meses. Mientras tanto, los ciudadanos exigen respuestas concretas y acciones inmediatas. La provincia de Buenos Aires merece una gestión que priorice el bienestar de sus habitantes por encima de intereses políticos y partidarios.

Las inundaciones son, sin duda, la otra inseguridad que azota a los bonaerenses. Y, como la inseguridad tradicional, solo podrá resolverse con liderazgo, responsabilidad y un compromiso genuino con la gente.


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